3 de diciembre de 2014

Lo mejor y lo peor de 1976



En 1976, TVE ha cumplido su XX aniversario. Una efemérides que se ha producido en un momento particularmente decisivo en su historia, cuando las exigencias de la sociedad, de la opinión pública, se hacen cada vez más fuertes y más críticas con respecto a la actuación de TVE a lo largo de estos veinte años. De hecho, la historia de TVE tendría que haberse dividido en dos etapas: antes y después del 20 de noviembre de 1975, es decir, lo que va de una televisión franquista con todas las connotaciones que se quiera, a una televisión postfranquista, siguiendo con ello la evolución de la sociedad española hacia esas metas de democracia y soberanía popular a las que aluden con frecuencia los presentadores del Telediario. Sin embargo, TVE no pone en práctica esas ideas que predica y tal vez el detalle más significativo de todo ese proceso se sintetiza en una frase del actual director general Rafael Ansón: "Quien no está de acuerdo con el Gobierno no puede estar de acuerdo con Televisión Española". 

UN AÑO DE ESPERANZAS


Definíamos el año 1975, en el campo de la televisión, como un año de provisionalidad y de compás de espera ante acontecimientos políticos de gran magnitud, que en efecto se cumplieron. Con el primer Gobierno de la Monarquía del Rey Juan Carlos, lógicamente, se entraba en un nuevo período lleno de esperanzas y de ilusiones, que hacían suponer una rápida y progresiva apertura del medio, más sólida y auténtica que la protagonizada en 1974 por un breve período. 

No obstante, el año 1976 ha transcurrido sin que esas esperanzas llegaran a cristalizar realmente. Más aún, en determinados momentos se pusieron en marcha unos resortes oscurantistas dignos de las peores etapas de esta televisión y proliferaron los vetos, las listas negras, la supresión de programas... Mientras nuestra sociedad iba ganando, día a día, nuevas parcelas de libertad, de pacífica convivencia y caminaba hacia horizontes de democracia, TVE seguía aferrada a métodos represivos y a tensiones internas absolutamente incomprensibles para el hombre de la calle. La diferencia en el enfoque y tratamiento de las noticias entre cualquier periódico y TVE adquiría caracteres de auténtico abismo, que no podían disimular algunas ráfagas liberalizadoras rápidamente, abortadas en los pasillos de Prado del Rey, o desde los despachos de los ejecutivos

DE PEÑA ARANDA A RAFAEL ANSÓN

A finales del 75 Ilegaba a TVE un nuevo director general, Gabriel Peña Aranda, ingeniero aeronáutico de profesión, surgido, al. parecer, de los tácitos, y hasta entonces totalmente desvinculado de la problemática del medio. Las primeras impresiones que mostró Peña Aranda, sin embargo, no podían ser mejores: saneamiento de las cuentas, protección y apoyo a los profesionales de la casa, reajuste de las nóminas (eliminando a directores de TVE de otras épocas que seguían cobrando), puesta en marcha de nuevos programas... Como hombres fuertes de TVE, a nivel de programación, aparecían José de las Casas, Mariano Peña y Miguel Angel Toledano, todos ellos profesionales de TVE. 

Las promesas del señor Peña Aranda, en realidad, nunca se cumplieron. Después de unas esperanzadoras muestras de liberalización, el protagonismo del nuevo director general asumió alarmantes caracteres autoritarios, promovidos o consentidos desde más altas instancias gubernamentales, y en el giro de unas semanas reaparecieron las listas negras, se pretendió despedir a varios corresponsales, algunos programas fueron suprimidos sin mayores explicaciones y a determinados profesionales se les llegó a impedir el acceso a Prado del Rey. En la larga lista de depurados figuraron José Luis Balbín (por La clave); Moncho Alpuente (que dimitió por las injerencias constantes en su trabajo); Alfredo Amestoy (por Vivir para ver); Antonio Gala (culpable de los textos de Paisaje con figuras); Jesús Hermida (por una  pregunta improcedente durante la visita real a Estados Unidos); Pedro Erquicia (de "vacaciones" por algunas semanas a causa de Informe semanal); Ana Cristina Navarro (por un reportaje en el citado programa informativo); Sánchez Ocaña (que se marchó de Telediario), etc... e incluso personajes como Mohamed Alí, Anatoli Karpov, el "novio" de Patricia Hearst, etc... vetados en Dírectísimo, sin contar, por supuesto, la supresión de los proyectados recitales de Raimon y el silencio administrativo que siguió abatiéndose sobre personajes populares y prestigiosos de la vida nacional, que veían cómo las cosas no habían cambiado nada en TVE. 

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